Playa Girón: Las vidas asaltadas (XIII) Testimonios en el frente de combate
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Para Alcides Roque Pino, al igual que para los humildes del campo y de las ciudades todas, el triunfo de la Revolución cubana en enero de 1959 significó el inicio de una nueva vida.
A la edad en que los niños de hoy se inician en la escuela, Alcides comenzaba su propia lucha por la subsistencia diaria, ayudando a su padre en las faenas del campo. Había nacido el 20 de marzo de 1941. Sus primeras letras las aprendió en 1961, durante la campaña de alfabetización. Miliciano del batallón 225, por entonces también conoció de entrenamientos y limpieza de bandidos en las lomas del Escambray. Cuando el 15 de abril se enteró del bombardeo a los aeropuertos cubanos, mientras se encontraba de visita en La Habana, no lo pensó dos veces, tomó un ómnibus y no paró hasta arribar al propio lugar de los combates.
-- Cuando llegamos a Jagüey Grande me impresionó la cantidad de personas en las calles, alentando a la milicia. Enfilamos por la carretera hacia Playa Larga, en la Ciénaga de Zapata, y topamos con compañeros caídos. En varias oportunidades tuvimos que abandonar los camiones por causa de los aviones que bombardeaban. En la boca de la Laguna del Tesoro nos encomendaron apostarnos en los flancos de la vía y evitar que los mercenarios volaran el acceso. También teníamos la misión de capturar a los paracaidistas dispersos en esa zona de monte, entre en central azucarero Australia y Playa Larga.
El día 18 supimos que en el la zona de El Peaje (Cerca del Australia) había un grupo grande de mercenarios paracaidistas. Fuimos a su encuentro, pensando que tendríamos que luchar muy duro. Cuando llegamos hallamos nada menos que a 22 mercenarios.
Disponían de un mortero, 180 granadas de mano y cada uno portaba un fusil M-3. Estaban a unos ocho o diez kilómetros a la izquierda de la carretera, rumbo a Playa Larga, en medio del monte. Se entregaron sin oponer resistencia, porque simplemente estaban esperando a ver qué sucedía. Si ganaba la invasión, serían héroes. Si iban a buscarlos, simplemente se rendirían, como hicieron. Esa era la moral que tenían. Empezaron a decir que habían venido engañados y pensaban que las milicias se les unirían…
En el batallón 217 de Unión de Reyes
Ibrahim Pino García nació el 28 de abril de 1939 en la zona de El Estante, Alacranes, municipio de Unión de Reyes, en la provincia de Matanzas. Era el mayor de siete hermanos y muy pronto se incorporó a las tareas agrícolas para ayudar al padre.
--Yo pertenecía al batallón 217 de Unión de Reyes. El día 17 recibimos la orden de cortar la carretera de Playa Larga y peinar la zona para capturar a los paracaidistas. En Soplillar nos cruzamos con los compañeros de la Escuela de Milicias. Habíamos divisado a los mercenarios cuando se lanzaban de los aviones. Simplemente los encontrábamos, los hacíamos prisioneros y recolectábamos su material de guerra. Se entregaban totalmente desmoralizados.
Después nos incorporamos junto con los policías en la toma de Playa Girón, donde sufrimos varias bajas. Uno de los hechos que más me impresionó fue comprobar el valor y la serenidad de los jóvenes que operaban nuestras antiaéreas, fajados con los aviones, siguiendo su ruta, sin temor a las calibre 50 que hacían llover plomo. Recuerdo que seguía con la vista a uno de esos muchachos enfrascado en un duelo con un B-26. Una ráfaga del mercenario lo acribilló. Inmediatamente sus compañeros de batería lo retiraron, otro ocupó su lugar y siguió disparando hasta que el avión estalló en el aire. Para mí ese hecho encierra un gran significado, porque sintetiza la inmortalidad de la Revolución. No importa que caigan algunos hombres, porque otros siempre ocuparán el lugar de los caídos y vencerán. Ese día comprendí exactamente esa verdad.
Diecisiete días permanecimos limpiando la zona después de haber tomado a Playa Girón. Fueron momentos difíciles, donde se derrochó mucho coraje, pero en especial jamás podré olvidar a los muchachos de las “cuatro bocas”. (TVY) (21/03/11).
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Cuba en Noticias - Batalla de Playa Girón. Preludio
Aniversario 48 de la Invasión a Playa Girón:
Batalla de Playa Girón. Preludio
PEDRO ANTONIO GARCÍA
El 15 de abril de 1961, los aeropuertos cubanos fueron arteramente bombardeados por aviones de la CIA.
A las seis menos veinte de la mañana del 15 de abril de 1961, la torre de control del aeropuerto de San Antonio de los Baños recibió un aviso de un punto de observación ubicado en Isla de Pinos. "Aviones sospechosos con rumbo norte han sobrevolado la zona".
El operador de San Antonio no le prestó mucha atención al aviso, ya que recibía informes semejantes casi todos los días. Además, la base, mucho antes del aviso, cumpliendo orientaciones de Fidel, ya estaba en estado de alerta.
La pieza antiaérea de guardia nunca se enteró del aviso pero cuando los artilleros vieron a los tres aviones sobrevolar el pueblo cercano, comprendieron que no podían ser de las FAR, pues nunca volaban tres aparatos a la vez. Y cuando la flota enemiga enrumbó hacia ellos, comenzaron a disparar.
No hizo falta que se diera la alarma, al oír la antiaérea, toda la base se movilizó. Desde la torre, el operador oyó por el radio un diálokogo entre dos pilotos mercenarios. "En San Antonio todos están muertos". "Descansen en paz".
"En San Antonio estamos vivos y todo el mundo aquí es de Patria o Muerte", gritó el operador. "Te vamos a sacar a patadas de la torre de control", ladró uno de los aviadores mercenarios. El operador respondió: "Bajen, que tengo un FAL."
Ver videos : Girón I | Girón II | Girón III
En Santiago de Cuba, uno de los trabajadores del aeropuerto recibía a los pasajeros de un vuelo comercial, cuando vio al primero de los aparatos mercenarios volar a poca altura, pero como venía enmascarado con las siglas de las FAR, no se inquietó.
"Entonces observé que dejaba caer una bomba", relató más tarde a un periodista. Con los cristales volando sobre su cabeza, comenzó a gritarles a los artilleros: "Tírenle, tírenle a esos cabrones".
En la pista de Ciudad Libertad, el enmascaramiento de los aviones de la CIA con las siglas de las FAR también confundió a muchos. Cuando las naves mercenarias comenzaron a arrojar sus bombas, las antiaéreas les abrieron fuego. Uno de los aparatos, incendiado, se precipitó al mar.
Eduardo García Delgado, de 23 años, uno de los instructores de los artilleros, fue a buscar un FAL para repeler la agresión. "No suba, profe, venga", le alertó uno de sus alumnos. Pero él subió. Un rocket le alcanzó en la parte posterior del cuello y un brazo.
Antes de morir, Eduardo escribió en una pared, con su sangre generosa, a modo de mensaje, un nombre: Fidel.
LA BATALLA DE LA ONU
A las 10:30 de la mañana de aquel 15 de abril, se iniciaban las sesiones de la Asamblea General de la ONU. El tema en debate era la situación explosiva en la república del Congo. El representante de Cuba pidió la palabra "para una cuestión de orden".
Raúl Roa García, entonces ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno revolucionario cubano, desde el podium, denunció el bombardeo a aeropuertos cubanos por aviones de fabricación norteamericana procedentes de Estados Unidos o de países centroamericanos satélites del imperialismo.
El Presidente de la Asamblea General de la ONU interrumpió al Canciller cubano para advertirle que su intervención no tocaba una cuestión de orden sino de fondo.
Roa agradeció la aclaración y arremetió nuevamente contra "el gobierno imperialista de Estados Unidos" al que acusó de ser "el máximo responsable de este brutal atentado a la integridad territorial, independencia y soberanía de Cuba, que pone en peligro la paz y seguridad internacionales".
Ante una nueva reprimenda del presidente de la Asamblea, Roa expresó: "Ya lo he dicho y me retiro". A continuación, el representante de la URSS pidió la palabra y expresó que era imprescindible cambiar la agenda de la jornada y debatir inmediatamente la agresión contra Cuba.
El plenario aprobó por abrumadora mayoría la propuesta soviética y esa misma tarde, en sesión extraordinaria, se debatió la agresión a Cuba.
Roa denunció que los bombardeos eran "sin duda, el prólogo de la invasión en gran escala, organizada, avituallada, armada y financiada por el gobierno de Estados Unidos".
Ante la pálida réplica de Adlai Stevenson, el embajador estadounidense en la ONU, Roa volvió a la carga. Aclaró que las declaraciones del presidente de los Estados Unidos, asegurando la no intervención de sus fuerzas armadas en los asuntos internos de Cuba, no ofrecían garantía alguna.
"Esas declaraciones las formulan usualmente los altos dirigentes de las potencias imperialistas y colonialistas", recalcó.
Mientras Cuba lograba insertar en la sesión de la asamblea General de la ONU el tema de la agresión yanqui, Fidel daba orientaciones precisas para reforzar la defensa antiaérea de los aeropuertos cubanos ya que teme un segundo ataque, según le oyeron expresar entonces.
Al aeropuerto de San Antonio, ordenó enviar inmediatamente dos nuevas baterías de piezas de artillería cuádruples de 12,5 milímetros y una batería de cañones 37 milímetros. A la pista de Ciudad Libertad la reforzaron con dos baterías de piezas de artillería 12,5 mm.
Simultáneamente, la radio y televisión nacionales trasmitían el primer comunicado del Gobierno Revolucionario: "Se ha dado la orden de movilización a todas las unidades del Ejército Rebelde y de las Milicias Nacionales Revolucionarias. Todos los mandos han sido puestos en estado de alerta".
"Si este ataque aéreo fuese el preludio de una invasión, el país en pie de lucha resistirá y destruirá con mano de hierro cualquier fuerza que intente desembarcar en nuestra tierra".
Consulte además
● Días que no pueden ser olvidados Reflexión del Comandante en Jefe, Fidel Castro, 14 de abril de 2009
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Fuente: EXCLUSIVO, 15/04/09
Otro sitio con imagenes de la derrota imperialista
Galería de imágenes de los sucesos de Playa Girón
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Batalla de Playa Girón. Preludio
PEDRO ANTONIO GARCÍA
El 15 de abril de 1961, los aeropuertos cubanos fueron arteramente bombardeados por aviones de la CIA.
A las seis menos veinte de la mañana del 15 de abril de 1961, la torre de control del aeropuerto de San Antonio de los Baños recibió un aviso de un punto de observación ubicado en Isla de Pinos. "Aviones sospechosos con rumbo norte han sobrevolado la zona".
El operador de San Antonio no le prestó mucha atención al aviso, ya que recibía informes semejantes casi todos los días. Además, la base, mucho antes del aviso, cumpliendo orientaciones de Fidel, ya estaba en estado de alerta.
La pieza antiaérea de guardia nunca se enteró del aviso pero cuando los artilleros vieron a los tres aviones sobrevolar el pueblo cercano, comprendieron que no podían ser de las FAR, pues nunca volaban tres aparatos a la vez. Y cuando la flota enemiga enrumbó hacia ellos, comenzaron a disparar.
No hizo falta que se diera la alarma, al oír la antiaérea, toda la base se movilizó. Desde la torre, el operador oyó por el radio un diálokogo entre dos pilotos mercenarios. "En San Antonio todos están muertos". "Descansen en paz".
"En San Antonio estamos vivos y todo el mundo aquí es de Patria o Muerte", gritó el operador. "Te vamos a sacar a patadas de la torre de control", ladró uno de los aviadores mercenarios. El operador respondió: "Bajen, que tengo un FAL."
Ver videos : Girón I | Girón II | Girón III
En Santiago de Cuba, uno de los trabajadores del aeropuerto recibía a los pasajeros de un vuelo comercial, cuando vio al primero de los aparatos mercenarios volar a poca altura, pero como venía enmascarado con las siglas de las FAR, no se inquietó.
"Entonces observé que dejaba caer una bomba", relató más tarde a un periodista. Con los cristales volando sobre su cabeza, comenzó a gritarles a los artilleros: "Tírenle, tírenle a esos cabrones".
En la pista de Ciudad Libertad, el enmascaramiento de los aviones de la CIA con las siglas de las FAR también confundió a muchos. Cuando las naves mercenarias comenzaron a arrojar sus bombas, las antiaéreas les abrieron fuego. Uno de los aparatos, incendiado, se precipitó al mar.
Eduardo García Delgado, de 23 años, uno de los instructores de los artilleros, fue a buscar un FAL para repeler la agresión. "No suba, profe, venga", le alertó uno de sus alumnos. Pero él subió. Un rocket le alcanzó en la parte posterior del cuello y un brazo.
Antes de morir, Eduardo escribió en una pared, con su sangre generosa, a modo de mensaje, un nombre: Fidel.
LA BATALLA DE LA ONU
A las 10:30 de la mañana de aquel 15 de abril, se iniciaban las sesiones de la Asamblea General de la ONU. El tema en debate era la situación explosiva en la república del Congo. El representante de Cuba pidió la palabra "para una cuestión de orden".
Raúl Roa García, entonces ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno revolucionario cubano, desde el podium, denunció el bombardeo a aeropuertos cubanos por aviones de fabricación norteamericana procedentes de Estados Unidos o de países centroamericanos satélites del imperialismo.
El Presidente de la Asamblea General de la ONU interrumpió al Canciller cubano para advertirle que su intervención no tocaba una cuestión de orden sino de fondo.
Roa agradeció la aclaración y arremetió nuevamente contra "el gobierno imperialista de Estados Unidos" al que acusó de ser "el máximo responsable de este brutal atentado a la integridad territorial, independencia y soberanía de Cuba, que pone en peligro la paz y seguridad internacionales".
Ante una nueva reprimenda del presidente de la Asamblea, Roa expresó: "Ya lo he dicho y me retiro". A continuación, el representante de la URSS pidió la palabra y expresó que era imprescindible cambiar la agenda de la jornada y debatir inmediatamente la agresión contra Cuba.
El plenario aprobó por abrumadora mayoría la propuesta soviética y esa misma tarde, en sesión extraordinaria, se debatió la agresión a Cuba.
Roa denunció que los bombardeos eran "sin duda, el prólogo de la invasión en gran escala, organizada, avituallada, armada y financiada por el gobierno de Estados Unidos".
Ante la pálida réplica de Adlai Stevenson, el embajador estadounidense en la ONU, Roa volvió a la carga. Aclaró que las declaraciones del presidente de los Estados Unidos, asegurando la no intervención de sus fuerzas armadas en los asuntos internos de Cuba, no ofrecían garantía alguna.
"Esas declaraciones las formulan usualmente los altos dirigentes de las potencias imperialistas y colonialistas", recalcó.
Mientras Cuba lograba insertar en la sesión de la asamblea General de la ONU el tema de la agresión yanqui, Fidel daba orientaciones precisas para reforzar la defensa antiaérea de los aeropuertos cubanos ya que teme un segundo ataque, según le oyeron expresar entonces.
Al aeropuerto de San Antonio, ordenó enviar inmediatamente dos nuevas baterías de piezas de artillería cuádruples de 12,5 milímetros y una batería de cañones 37 milímetros. A la pista de Ciudad Libertad la reforzaron con dos baterías de piezas de artillería 12,5 mm.
Simultáneamente, la radio y televisión nacionales trasmitían el primer comunicado del Gobierno Revolucionario: "Se ha dado la orden de movilización a todas las unidades del Ejército Rebelde y de las Milicias Nacionales Revolucionarias. Todos los mandos han sido puestos en estado de alerta".
"Si este ataque aéreo fuese el preludio de una invasión, el país en pie de lucha resistirá y destruirá con mano de hierro cualquier fuerza que intente desembarcar en nuestra tierra".
Consulte además
● Días que no pueden ser olvidados Reflexión del Comandante en Jefe, Fidel Castro, 14 de abril de 2009
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Fuente: EXCLUSIVO, 15/04/09
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En el mundo antiguo mas despues de las victorias de JULIO CESAR en las Galias que este imperio seria desmembrado por tribus y hordas de los llamados barbaros, hay mas ejemplos donde los vencidos aprendieron de las tecnicas de sus vencedores para poder vencerles,
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La visión de Fidel
CORONEL (r) VÍCTOR DREKE CRUZ
1961, me encontraba en el poblado villaclareño de Atillo, al frente de una escuela de formación de milicianos para proseguir la Lucha Contra Bandidos (LCB), y quitarle la posibilidad al enemigo de contar con un apoyo armado interno en las montañas del Escambray.
Pero se decidió terminar esos cursos y fui destinado como Jefe Militar del Sector 4 Sagua-Corralillo, que es mi tierra natal. Ya en esa fecha yo tenía los grados de capitán del Ejército Rebelde e iba a solicitarle al Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, mi traslado hacia el Caney de las Mercedes.
En la madrugada del 17 de abril me dirigí al Escuadrón 31 de Santa Clara, y allí me encontré un gran movimiento de soldados y milicianos, con fusiles, metralletas, mochilas y cantimploras, y al indagar qué ocurría, se me informó que había ocurrido la advertencia de Fidel el día antes donde proclamó el carácter socialista de la Revoución: se había producido un desembarco de mercenarios por Playa Girón.
En honor a la verdad, yo ni siquiera sabía dónde estaba ese lugar y más o menos me explicaron, tras lo cual salí disparado hacia allá.
Partí de inmediato en un Buick rojo del 58, con mi chofer, el compañero Teodosio Miranda Rodríguez, a quien considero como un verdadero hermano.
Llegué como a las 8 o las 9 de la mañana del 17 de abril a Yaguaramas y le envié una nota a los comandantes René de los Santos y Raúl Menéndez Tomassevich, quienes estaban al frente de las operaciones en esa zona, y la respuesta fue que enseguida, por mi condición de capitán, asumiera la jefatura de dos compañías de milicianos: una perteneciente al Batallón 117 y la otra al Batallón 111, reforzada con compañeros de otras unidades.
Al frente de esta tropa comenzamos a avanzar, hasta que nos encontramos con un compañero herido sobre la carretera, quien nos pedía a gritos que lo auxiliáramos. A rastras pudimos llegar hasta donde estaba tendido y ensangrentado, y logramos sacarlo y entregarlo a los sanitarios, que comenzaron a curarle una herida en la parte delantera del cuello, para remitirlo de inmediato en lo que se pudiera hacia un hospital.
Informé de esto al comandante de los Santos y me ordenó que continuáramos avanzando para enfrentar a los paracaidistas mercenarios que se habían posicionado cerca de allí.
Recuerdo que entramos por un campo de caña para ocultarnos del enemigo, y aquello comenzó a arder y de pronto se armó tremendo tiroteo, durante el cual cayó el compañero que operaba la bazuka que llevábamos para enfrentar a los tanques.
El comandante de los Santos me había transmitido la orden del Comandante en Jefe de que por esa dirección en la cual avanzábamos teníamos que llegar a Playa Girón antes de las 6 de la tarde del 19 de abril.
Me comunicaron que el 18 desde por la tarde se iba a realizar una gran preparación artillera para ablandar las posiciones enemigas. Y así fue. ¡Nadie sabe cuántos cañonazos les tiraron nuestros artilleros a los mercenarios, pero fue durante toda la tarde, noche y madrugada del 18 de abril!
Más adelante me encontré con el comandante Víctor Bordón y con el capitán Emilio Aragonés, que avanzaban con una compañía de tanques en dirección a Playa Girón. Miré el reloj, y al calcular en un mapa la distancia, me percaté que a ese ritmo no tenía tiempo para estar a las 6 de la tarde en Girón y cumplir estrictamente la orden de nuestro Comandante en Jefe, y por la inexperiencia de aquellos primeros años tomé un yipi y decidí avanzar a toda velocidad delante de los tanques.
Pasé rápido por San Blas. Y ya cerca del Helechal los mercenarios atrincherados allí nos abrieron fuego y fui herido en el muslo y hombro derechos, y tenía esquirlas de granadas de mortero en la espalda.
El compañero Miranda me cubrió con su cuerpo y me arrastró hacia la cuneta, y aquello se convirtió en un verdadero infierno, pues los mercenarios nos disparaban, nosotros les disparábamos a ellos y los milicianos que venían detrás de nosotros también disparaban.
Miranda me subió a un vehículo bajo los proyectiles, y me trasladó hacia una posta médica en Yaguaramas, desde donde me remitieron en un carro de repartir leche hacia Santa Clara.
Recuerdo que mis acompañantes se preguntaban cómo yo estaba vivo si mi gorra con los grados de capitán estaba agujereada por el frente.
Yo estoy seguro que debe habérseme caído y en la tierra recibió esos impactos, pues de lo contrario no estaría haciendo este relato.
Y ahí comenzaron sustos más grandes que los del combate, pues además de las anteriores heridas, se llegó a pensar que tenía otra de mayor gravedad en un riñón a partir de una supuesta esquirla alojada en ese órgano y que se me debía operar de urgencia, y todo resultó que tenía el pedazo de metralla incrustado en el calzoncillo.
Me trasladaron a una clínica con más recursos, donde me atendió el doctor Lima Recio, especialista en rayos X, quien también ordenó hacerme otra placa, pero insistió en que me la hicieran sin pantalón ni calzoncillo, se comprobó felizmente el error.
A 50 años de aquellos acontecimientos, lo que más me ha impresionado siempre ha sido la visión y la estrategia de nuestro Comandante en Jefe, quien ordenó desde el primer instante aniquilar rápidamente al enemigo, para impedirle establecer una cabeza de playa, constituir allí un gobierno de esbirros y traidores y solicitar la intervención directa del ejército de Estados Unidos.
fuente:
2011 abril 14 Sin_Censura
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La visión de Fidel
CORONEL (r) VÍCTOR DREKE CRUZ
1961, me encontraba en el poblado villaclareño de Atillo, al frente de una escuela de formación de milicianos para proseguir la Lucha Contra Bandidos (LCB), y quitarle la posibilidad al enemigo de contar con un apoyo armado interno en las montañas del Escambray.
Pero se decidió terminar esos cursos y fui destinado como Jefe Militar del Sector 4 Sagua-Corralillo, que es mi tierra natal. Ya en esa fecha yo tenía los grados de capitán del Ejército Rebelde e iba a solicitarle al Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, mi traslado hacia el Caney de las Mercedes.
En la madrugada del 17 de abril me dirigí al Escuadrón 31 de Santa Clara, y allí me encontré un gran movimiento de soldados y milicianos, con fusiles, metralletas, mochilas y cantimploras, y al indagar qué ocurría, se me informó que había ocurrido la advertencia de Fidel el día antes donde proclamó el carácter socialista de la Revoución: se había producido un desembarco de mercenarios por Playa Girón.
En honor a la verdad, yo ni siquiera sabía dónde estaba ese lugar y más o menos me explicaron, tras lo cual salí disparado hacia allá.
Partí de inmediato en un Buick rojo del 58, con mi chofer, el compañero Teodosio Miranda Rodríguez, a quien considero como un verdadero hermano.
Llegué como a las 8 o las 9 de la mañana del 17 de abril a Yaguaramas y le envié una nota a los comandantes René de los Santos y Raúl Menéndez Tomassevich, quienes estaban al frente de las operaciones en esa zona, y la respuesta fue que enseguida, por mi condición de capitán, asumiera la jefatura de dos compañías de milicianos: una perteneciente al Batallón 117 y la otra al Batallón 111, reforzada con compañeros de otras unidades.
Al frente de esta tropa comenzamos a avanzar, hasta que nos encontramos con un compañero herido sobre la carretera, quien nos pedía a gritos que lo auxiliáramos. A rastras pudimos llegar hasta donde estaba tendido y ensangrentado, y logramos sacarlo y entregarlo a los sanitarios, que comenzaron a curarle una herida en la parte delantera del cuello, para remitirlo de inmediato en lo que se pudiera hacia un hospital.
Informé de esto al comandante de los Santos y me ordenó que continuáramos avanzando para enfrentar a los paracaidistas mercenarios que se habían posicionado cerca de allí.
Recuerdo que entramos por un campo de caña para ocultarnos del enemigo, y aquello comenzó a arder y de pronto se armó tremendo tiroteo, durante el cual cayó el compañero que operaba la bazuka que llevábamos para enfrentar a los tanques.
El comandante de los Santos me había transmitido la orden del Comandante en Jefe de que por esa dirección en la cual avanzábamos teníamos que llegar a Playa Girón antes de las 6 de la tarde del 19 de abril.
Me comunicaron que el 18 desde por la tarde se iba a realizar una gran preparación artillera para ablandar las posiciones enemigas. Y así fue. ¡Nadie sabe cuántos cañonazos les tiraron nuestros artilleros a los mercenarios, pero fue durante toda la tarde, noche y madrugada del 18 de abril!
Más adelante me encontré con el comandante Víctor Bordón y con el capitán Emilio Aragonés, que avanzaban con una compañía de tanques en dirección a Playa Girón. Miré el reloj, y al calcular en un mapa la distancia, me percaté que a ese ritmo no tenía tiempo para estar a las 6 de la tarde en Girón y cumplir estrictamente la orden de nuestro Comandante en Jefe, y por la inexperiencia de aquellos primeros años tomé un yipi y decidí avanzar a toda velocidad delante de los tanques.
Pasé rápido por San Blas. Y ya cerca del Helechal los mercenarios atrincherados allí nos abrieron fuego y fui herido en el muslo y hombro derechos, y tenía esquirlas de granadas de mortero en la espalda.
El compañero Miranda me cubrió con su cuerpo y me arrastró hacia la cuneta, y aquello se convirtió en un verdadero infierno, pues los mercenarios nos disparaban, nosotros les disparábamos a ellos y los milicianos que venían detrás de nosotros también disparaban.
Miranda me subió a un vehículo bajo los proyectiles, y me trasladó hacia una posta médica en Yaguaramas, desde donde me remitieron en un carro de repartir leche hacia Santa Clara.
Recuerdo que mis acompañantes se preguntaban cómo yo estaba vivo si mi gorra con los grados de capitán estaba agujereada por el frente.
Yo estoy seguro que debe habérseme caído y en la tierra recibió esos impactos, pues de lo contrario no estaría haciendo este relato.
Y ahí comenzaron sustos más grandes que los del combate, pues además de las anteriores heridas, se llegó a pensar que tenía otra de mayor gravedad en un riñón a partir de una supuesta esquirla alojada en ese órgano y que se me debía operar de urgencia, y todo resultó que tenía el pedazo de metralla incrustado en el calzoncillo.
Me trasladaron a una clínica con más recursos, donde me atendió el doctor Lima Recio, especialista en rayos X, quien también ordenó hacerme otra placa, pero insistió en que me la hicieran sin pantalón ni calzoncillo, se comprobó felizmente el error.
A 50 años de aquellos acontecimientos, lo que más me ha impresionado siempre ha sido la visión y la estrategia de nuestro Comandante en Jefe, quien ordenó desde el primer instante aniquilar rápidamente al enemigo, para impedirle establecer una cabeza de playa, constituir allí un gobierno de esbirros y traidores y solicitar la intervención directa del ejército de Estados Unidos.
fuente:
2011 abril 14 Sin_Censura